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La mujer que hicieron inmortal

04/04/2017

La mujer que hicieron inmortal sin su consentimiento…

Henrietta Lacks, nacida como Loretta Pleasant, fue una mujer afroamericana donadora involuntaria y sin su conocimiento de células de su tumor canceroso, el cual fue cultivado por George Otto Gey para originar una línea de cultivo celular inmortal. Wikipedia

Hace más de 60 años, en uno de los pocos hospitales de Maryland (EEUU) que atendía a negros, un médico aisló las primeras células humanas inmortales. La muestra había salido de Henrietta Lacks, una mujer analfabeta que trabajaba como campesina en los campos de tabaco y a la que un agresivo cáncer de útero mató a los 31 años. Sus células, extraídas de su tumor, han seguido vivas hasta la actualidad bajo un nuevo nombre en clave: HeLa (Henrietta Lacks).

Imagen de la joven Henrietta Lacks

En ese momento nadie se dio cuenta, pero los médicos tomaron una pequeña muestra de células cancerosas y se la entregaron a George Otto Gey. Nacía así el primer linaje celular humano inmortalizado: un linaje que ha generado 20 toneladas de células humanas, más de 70.000 experimentos y alguno de los descubrimientos médicos más importantes del siglo XX.

Muy cerca de la inmortalidad…

Científiicos del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona), han descubierto un nuevo grupo de células madre del intestino.

A cambio, Henrietta Lacks fue enterrada bajo una lápida sin nombre y dejando cinco hijos huérfanos. Nadie le pidió permiso para usar sus células como material de estudio y, durante décadas, nadie se molestó en explicarles a sus hijos la excepcional contribución que había hecho su madre.

Un linaje (o línea o cultivo) celular inmortalizado es una población de células que no dejan de reproducirse. Las células de nuestro cuerpo acaban muriéndose, por eso trabajar en los laboratorios era algo muy complejo. Necesitaban un suministro continuo de células que, por sus propias características, eran distintas entre sí. Todo un lío.

En 2013 , un grupo de científicos europeos publicó en internet el genoma completo de HeLa, que aún es una de las líneas más usadas en laboratorios de todo el mundo para estudiar las claves de la salud y la enfermedad humanas. La publicación pretendía ser un importante avance para la comunidad científica y como tal fue celebrada en un comunicado de prensa por el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), donde se había obtenido el genoma. Pero la publicación desató una polémica que ha obligado a los autores del estudio a retirar de la web el genoma de HeLa apenas una semana después de publicarlo y a corregir el comunicado de su institución.

No solemos darnos cuenta de lo mucho que han cambiado los laboratorios y los hospitales. La investigación biomédica ha avanzado ‘crueldad a crueldad’ durante muchas décadas. Nos escandalizamos con razón de las atrocidades que cometieron los médicos alemanes, pero eso es solo un episodio.

Entre 1932 y 1972, en Tuskegee, Alabama, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos mantuvo a 600 enfermos de sífilis sin tratar para estudiar sus efectos a largo plazo. Eran afroamericanos. También lo eran los 400 recién nacidos que fueron sometidos a continuas punciones por parte de Hines Roberts para estudiar el líquido cefalorraquídeo en el Hospital de Atlanta.

“Nuestro ADN podría ser tan accesible como el portal de nuestra casa a través de internet”

La información genética puede ser un estigma, y aunque es ilegal que las empresas aseguradoras de la salud discriminen a clientes basados en esa información, esto no es así para los seguros de vida o discapacidad”. Así lo resume Rebecca Skloot, una periodista estadounidense quien, según Steinmetz, fue la persona que les contactó hace unos días pidiendo que se retiraran los datos de HeLa de la red. Skloot es la autora de un best seller sobre Henrietta Lacks que ha vendido más de un millón de copias. En un reciente artículo en The New York Times bajo el título premonitorio de La vida inmortal de Henrietta Lacks, la secuela, Skloot argumenta que hay que establecer nuevos criterios éticos para proteger la privacidad genética de las personas en un mundo en el que pronto nuestro ADN podría ser tan accesible como el portal de nuestra casa usando herramientas como Street View.

Un error que puede salvar más vidas

“Es tanto como que alguien publicara el genoma de tu abuela y, a través de él, tú descubrieras, o peor, alguien descubriera por ti y lo usara en tu contra, que tienes mutaciones en el gen de la Pre-senilina1 o Pre-senilina2, asociados al alzhéimer familiar de aparición temprana”, ejemplifica Lluís Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología, sobre la supuesta injusticia cometida con los Lacks. Colgar el genoma de HeLa en la red no tendría importancia si no hubiera tanta gente que sabe que tras esas siglas se esconde Henrietta Lacks y que sus descendientes llevan parte de su genoma.

“Nuestras políticas van años o quizás décadas por detrás de la ciencia”

“Mirando atrás, creo que fue inapropiado extraer aquel material sin su consentimiento y se merece una disculpa por ello”

Fuente: Mónik Herrera

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