ADN de DONOSAURIO

ADN de dinosaurio

El descubrimiento, no exento de controversia, plantea la posibilidad de estudiar la genética de los dinosaurios.

El fósil de dinosaurio es de lo más humilde. No tiene el tamaño de un fémur de apatosaurio ni impresiona como una mandíbula de tiranosaurio. Se trata de un pequeño fragmento de cartílago craneal de un hadrosáurido denominado Hypacrosaurus, una cría que pereció hace más de 70 millones de años. Pero puede que contenga algo jamás rescatado de las profundidades del Mesozoico: restos degradados de su ADN.

El material genético no dura tanto tiempo. El ADN comienza a descomponerse cuando el organismo muere. Un estudio de 2012 realizado con huesos de moa (aves no voladoras extintas que habitaban en Nueva Zelanda) señala que el material genético se reduce a la mitad cada 521 años. Si el cálculo es correcto, los paleontólogos únicamente podrían albergar esperanzas de recuperar secuencias reconocibles de ADN de criaturas que hayan muerto, como mucho, hace 6,8 millones de años, pero en esa fecha no entran ni siquiera los últimos dinosaurios no aviares que existieron.

Y aquí entra en escena el cartílago de Hypacrosaurus. En un estudio publicado en abril, la paleontóloga Alida Bailleul, de la Academia China de las Ciencias, y sus colaboradores sostienen que, en ese fósil, no solo han encontrado vestigios de proteínas y condrocitos originales, sino un indicio químico compatible con ADN.

ecuperar material genético tan antiguo sería un hito trascendental. Gracias al estudio de criaturas extinguidas hace menos tiempo (como mamuts y megaterios) los paleontólogos han revisado taxonomías, han escrutado la interrelación de diferentes especies y han descubierto algunas variantes fenotípicas, por ejemplo de coloración. El ADN de dinosaurios no aviares añadiría una enorme cantidad de información biológica sobre estos «terribles lagartos». También demostraría que el material genético puede mantenerse detectable no durante un millón de años, sino durante decenas de millones. El registro fósil estaría compuesto por algo más que huesos y huellas: podría contener retazos de las instrucciones genéticas que emparientan a todos los seres vivos sobre la faz de la Tierra.

Pero antes que nada hay que confirmar la autenticidad de estos jirones de presunto ADN prehistórico, cuya calidad, por decirlo de alguna manera, no es precisamente digna de Parque Jurásico. En el mejor de los casos, se trata de componentes biológicos degradados (despojos de genes absolutamente ilegibles) y no de partes intactas de una secuencia, pero, aun así, serían mucho más antiguos (millones de años más) que los siguientes materiales genéticos del registro fósil.

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